La manta eléctrica

Cuando llega el frío del invierno, muchos se dejan convencer por el calor y la practicidad de la manta eléctrica. Pero ¿es realmente un buen aliado del sueño?

Puntos a favor

Obviamente, este dispositivo te permite sentir calor al instante, y uno cree que permitirá ahorrar en la factura de calefacción.
A nivel de precios, las hay baratas o caras según el modelo, pero las que más triunfan son las baratas, vendidas en supermercados o en mercadillos.
O sea que la manta eléctrica es una solución aparentemente tecnológica, barata, y eficiente para proporcionar calor al cuerpo. Pero veamos el otro lado de las cosas.

Buenas razones para eliminar las mantas eléctricas

Hay varias, y cada una se bastaría a sí sola para que no compres este tipo de manta, o que dejes de usar la que ya tienes:

  • Dormir con una corriente eléctrica y un campo eléctrico justo encima del cuerpo es de lo más desaconsejable. El material sintético de la manta en sí almacena esta carga estática, y te altera fisiológicamente. Lo repito por si acaso: somos electricidad, y si creas una “tensión” eléctrica, ésta induce otra tensión también eléctrica en nuestras células.
  • Hay un riesgo de incendio al utilizar este tipo de aparato eléctrico. Entre los movimientos que sufren los cables y la mala calidad de fabricación, hay riesgo de cortocircuito, y por lo tanto de chispa. Quiere estar caliente, no arder 😉
  • Aunque esté apagada, el metal que contiene aún te perjudica: almacena y amplifica los campos electromagnéticos de la habitación, y genera una descarga de energía que te dejará más cansado por la mañana.

Resumiendo: utilizar una manta eléctrica produce un malestar y una tensión inmediatos, y no te ayuda a dormir bien para nada. Intenta tener la buena temperatura en tu habitación, y si tienes frío en la cama procura poner otras mantas, si puede ser de materiales naturales (algodón, lana), y/o utiliza bolsas de agua caliente.

Deja un comentario